El “modelo” de reconciliacion franco-aleman y el peruano-chileno.

El “modelo” de reconciliacion franco-aleman y el peruano-chileno.

Jul 24

Voces se levantan en la frontera norte peruana, también algunos en Chile, relativas a que la solución definitiva de la rivalidad duradera que mantiene Perú hacia Chile se solucionaría siguiendo el ejemplo franco-alemán de reconciliación nacional.

El ejemplo alemán aparece, en la visión académica limeña, como el modelo a seguir por Chile. En este sentido, Chile desempeña, bajo esta lógica,  el rol de la Alemania hitleriana derrotada, fragmentada y reducida a dos países ideológicamente opuestos. Una Alemania que no solo buscaba, mediante una guerra continental, expandir sus fronteras nacionales, sino que además, conquistar vastos territorios y  ejercer un control político y militar  sobre muchos otros más. Una Alemania que llevo a cabo actos genocidas de manera sistemática, que sometió a todo un continente a una crisis social, política, económica, humanitaria y moral sin precedentes en la historia europea. Esa Alemania, esa parte de Alemania, la Occidental, heredó la culpa de un actuar internacional irresponsable que modificó el mapa mundial del poder, generando un nuevo orden de cosas, la Guerra Fría. Chile está siendo llamado a desempeñar y asumir dicho rol en el marco de un proceso de reconciliación Santiago-Lima.

Es importante, en la búsqueda necesaria por avanzar en un dialogo chileno-peruano que permita sino acabar con las rivalidades que nos oponen, al menos introducir factores y variables de control de las mismas. Por ello es necesario establecer la necesidad de no importar modelos de reconciliación que caricaturalmente se asemejan al europeo, y al franco-alemán, pero que en los hechos reales e históricos distan de serlo, deslegitimando dichas tendencias conciliatorias.

La reconciliación franco-alemana surge y es posible por algunas condiciones que se dieron en la Europa de ls pos guerra. La primera de ellas es la existencia de una tabula rasa estatal, tanto en Francia como en Alemania, pero también en casi toda la Europa devastada. En otras palabras,  la los Estados europeos, tal y como se conocían, dejan de existir. No constituyen actores institucionales modernos, deben ser reconstruidos desde cero. El Estado que generó la crisis mundial desaparece y renace como una fracción política y territorial del original: Alemania. El resto de países europeos, victimas del germano, también lo hacen. Un segundo factor es que al interior del surgimiento de un nuevo orden mundial, la Europa occidental “democrática” que se levanta de la guerra, percibe la mirada atenta y hostil, en su frontera oriental, del oso soviético. La existencia de una “amenaza emergente soviética” de carácter militar, sí, pero sobre todo ideológica, genera una urgencia de cohesión del espacio europeo occidental. La reconciliación franco-alemana es una necesidad estratégica, no solo para ambos países, sino que sobre todo para los EE.UU, la superpotencia que vela por la seguridad de esa parte del mundo. Asociado a la idea anterior, un tercer factor aparece, dice relación con la existencia de una potencia mundial que urge, a los antiguo “enemigos hereditarios” europeos (Francia y Alemania) a restablecer relaciones, generar lazos conciliatorios y establecerse como el motor de la reconciliación regional europea, además del desarrollo político y económico de esa zona.

En función de lo anterior, queda claro que importar el “modelo franco-alemán” de reconciliación a las relaciones de rivalidad chileno-peruana no responde ni se condice con realidades análogas. Intentarlo es irrealista.

Otro factor a considerar es que en dicho modelo, es una parte de esa Alemania (la Occidental) la que genera actos, acciones y políticas declaratorias de arrepentimiento. No es Francia la que se reconcilia con Alemania, sino que ésta última con Paris y el resto de capitales europeas arrastradas a una guerra generalizada, casi de exterminio. Asociar a Chile a la imagen de esa Alemania Hitleriana que pide perdón por una guerra de exterminio, de expansión territorial continental y cuyo objetivo era el dominio de toda Europa y más allá, es claramente irrealista, y alejado totalmente de la realidad de la Guerra del Pacífico. La guerra que emprendió la Alemania Hitleriana no fue una guerra justa, sino que una de agresión. Una guerra que debutó incluso antes de las conflagraciones, cuando atraviesan la frontera polaca. En el caso chileno, dicha guerra obedeció a las leyes de la guerra justa, emprendida a fin de restablecer el statu quo ante. Queda claro que la postura de rivalidad y de hostilidad no emana desde el “vencedor” de una guerra, sino que desde aquel que se ve y percibe “vencido”. En este sentido, la postura chilena es y ha sido aquella de aquella entidad que defiende el status quo post bellum, cristalizándolo con sendos tratados de paz binacionales, como fue el caso.

La búsqueda de canales y puentes de dialogo entre actores académicos chilenos y peruanos es importante, sobre todo, desde una visión preventiva, ad portas de debutar la fase oral del proceso de La Haya, hecho, recordémoslo, poco amistoso iniciado por Lima en contra de Chile. Más relevante aún es que las clases políticas que se alimentan, aún hoy en día, de un conflicto centenario dejen de hacerlo. También es importante, que como ante sala a un dialogo directo, se restablezca el respeto de los Tratados internacionales, que son base de la confianza mutua entre los países.

 ¿Que nos dice que luego de conocerse el resultado de la demanda marítima y territorial peruana ante La Haya, siendo ésta negativa para Lima, no borren con el codo la resolución final del Tribunal, reditando la misma actitud irredentista que tuvieron frente al Acta de Ejecución Final del Tratado de 1929, bajo el régimen de Fujimori? La confianza binacional peruano-chilena se construye con actos, acciones y políticas declaratorias de amistad real y efectiva, debe ser una política de Estado y no meramente de régimen ni de gobierno.

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