Seguridad Ampliada y Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa

Seguridad Ampliada y Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa

Aug 10

Un amplio debate se está generando en torno a la Estrategia Nacional de Seguridad Y Defensa. Un aspecto central, del mismo, dice relación con la posibilidad que la ENSyD tendería  a “militarizar la seguridad pública”, buscando integrar a las FF.AA a  tareas que no solo constitucionalmente hablando no están reconocidas al interior de su ámbito de acción tradicional sino que además se plantean temores que de ser  integradas a esta “seguridad ampliada”, podrían verse involucradas en política contingente. Estas son las aprensiones desde algunos sectores políticos y sociales.

Se ha planteado, además, que la ENSyD es “militarista”, por cuanto el rol de las FF.AA es justamente “ampliado”, se expande hacia fuentes y focos de inseguridad distintos a los tradicionales como es la defensa de la integralidad territorial del país y a su soberanía. Las FF.AA ya no solo se  prepararían para proyectar disuasión estatal hacia otra entidad de la misma naturaleza, sino que de acuerdo a la ENSyD, ellas son llamadas, también, a ejercer disuasión y persuasión hacia actores criminalizados subnacionales. Para algunos, incluso, se abre  la puerta a que las FF.AA terminen en las calles reprimiendo a los movimientos estudiantiles, nada más alejado del espíritu del documento y a la intencionalidad del actor desde el cual emana dicha política nacional de seguridad.

La ENSyD constituye un gran avance en la búsqueda por identificar  horizontes de seguridad prospectivos proyectados en el tiempo. La correcta planificación en materias de seguridad y defensa requiere, hoy en día, establecer la naturaleza de los actores desde los cuales emanaran las nuevas fuentes de inseguridad, sus posibles capacidades, sus probables estrategias y los medios de los cuales estarán dotados para alcanzar sus objetivos. En este sentido, el espíritu de la ENSyD representa un gran paso hacia una planificación sería, concreta y directa de las políticas públicas destinadas a garantizar mayores márgenes de seguridad para el desarrollo del país.

La nueva planificación en Seguridad y Defensa debe logra identificar y aislar esas nuevas fuentes de inseguridad, aquellas que por sus propios medios, estrategias y espacios de acción tienden a sobrepasar las capacidades operacionales de las fuerzas de seguridad publica. Hoy los riesgos y amenazas poseen el potencial de ser bicéfalas, afectan no solo la seguridad social del país, sino que también los ámbitos de su seguridad política, económica y militar. Si para el Brasil, la zona de la triple frontera constituye una fuente de inseguridad que afecta su capacidad de defensa y que justificó, recién hace unas horas, la organización de una mega operación militar que llevó a 9.000 mil militares a las fronteras de Argentina, Paraguay y Uruguay, para Chile un espacio estratégico es su frontera norte. Dicho espacio geopolítico asociado al narcotráfico, la trata de personas y el crimen transnacional coincide con otro espacio, uno geoestratégico, en donde la Defensa desempeña un rol mayor. La NESyD posee el merito de iluminar esta problemática actual pero sobretodo de futuro.

De toda evidencia, las aprensiones anteriores responden a barreras psicológicas ya sobrepasadas, comprensibles, pero no se ajustan a la realidad, ni menos pareciera, al espíritu de la NESyD propuesta y sometida al necesario debate nacional.

No se puede hacer abstracción, ni menos aún ignorar que las fuentes de inseguridad han mutado, se han diversificado y transformado sus formas y medios de acción. De la misma manera que el Brasil en su Estrategia de Defensa Nacional señala la necesidad que sus FF.AA se “preparen” para asumir roles subsidiarios a las fuerzas del orden publico, de la misma manera Chile debe asumir que, el menos, en su frontera norte, terrestre y aérea, necesita del apoyo de otras instancias y estamentos de la Defensa.

Hoy, un claro desafío dice relación con  integrar  las acciones de lucha en contra de las amenazas no convencionales  a la estructura disuasiva del país. Chile necesita no solo mantener su capacidad disuasiva “básica”, sino que también expandirla hacia otras y nuevas fuentes de inseguridad, incluyendo aquellos actores emergentes que poseen el potencial de debilitarla. Hoy la “credibilidad de la amenaza” disuasiva no solo debe ser dirigida hacia las fuentes de riesgos regulares, sino que también incluir aquellas de naturaleza no-convencionales.

En este sentido, la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa es un claro paso hacia adelante, perfectible y claramente necesaria si el país desea avanzar hacia el pleno desarrollo.

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